Desde bien niños, sentimos el impulso de explorar y conocer nuestro cuerpo, así como el de explorar nuestro entorno. Ello nos da la oportunidad de descubrir lo que nos gusta y nos da placer así como lo que no nos gusta.

Esta fase de auto exploración, es vital para nuestro desarrollo y está presente en todas las especies. En la primera infancia, es también cuando grabamos el software mental en forma de creencias, que nos acompañarán en la vida adulta.

Y para el niño, sus genitales son una parte mas de su cuerpo y de ese nuevo mundo que está empezando a explorar. Sin embargo, este proceso natural se ve a veces coartado por nuestra mirada de adultoscondicionada por la educación, religión y demás represiones socio-culturales que no se corresponde con la mirada curiosa e inocente que poseen los niños.

En lugar de cuestionarnos nuestras creencias, las intentamos proteger con palabras y frases tan “amorosas” como ¡caca!, ¡eso no se toca!, ¡serás marrano! y muchas otras que seguro recordarás.

Al nacer, una de las primeras represiones silenciosas a la que se somete al pequeño, es la del pañal. Por supuesto es un elemento muy útil para acompañar al bebé mientras crece, pero a la vez es un elemento que encierra y esconde los genitales, no permitiendo que el niño o la niña, se relacionen con ellos y por tanto puedan reconocerlos como suyos.

Mas adelante, cuando el pañal ya no es necesario, niños y niñas descubren que en su cuerpo hay partes que no conocían, y con la curiosidad inocente y desinhibida, miran de tocarlos, reconocerlos, explorarlos, mostrarlos y jugar con ellos; pero … aquí aparece de nuevo nuestra “buena educación sexual adulta” intentando protegerlos o dicho de otro modo, intentando de nuevo proteger nuestras propias creencias a las que seguimos sin cuestionar.

Mas adelante y a medida que los pequeños van creciendo, existen 3 fases de la sexualidad infantil que por norma general se siguen censurando:

  • La primera es cuando el pequeño comienza a tocarse los genitales porque descubre que eso le da placer; nuestra reacción mas normal como adultos es la de evitar que eso suceda, pues nos incomoda a nosotros.
  • La segunda es cuando el pequeño busca tocar a los genitales que reconoce como iguales, para afianzar su identidad. Aquí nuestra reacción como adultos vuelve a ser represiva, pues de nuevo nos incomoda, así como evitamos que pueda incomodar a otros adultos o aún peor, es cuando nos asaltan pensamientos de si el pequeño puede estar desarrollando conductas homosexuales; sin darnos cuenta de que eso siguen siendo solo pensamientos en nuestra mente adulta y no en la del pequeño.
  • Y la tercera es cuando el pequeño busca tocar y explorar los genitales que reconoce como diferentes, con la simple curiosidad de descubrir que el contrario, tiene algo distinto a lo que el o ella tiene. Aquí los adultos por norma general, volvemos a censurar la curiosidad, por los mismos motivos de incomodidad y en algunos casos porque nos asalta la idea de si los niños están teniendo conductas sexuales que no les tocan por edad.

Si nos paramos a pensar un poco, podemos observar que todas esas alarmas que se nos despiertan, provienen de nuestra mentalidad ya coartada y condicionada, pues los niños y las niñas, solo actúan desde una curiosidad natural, inocente y sana.

Desde esa educación condicionada, nuestros pequeños llegan a la pubertad y con ella llega la revolución hormonal donde su cuerpo comienza a cambiar, el deseo sexual se les despierta y biológicamente ya son fértiles.

Ups … ¿y ahora qué?

Durante la adolescencia, cuando todo nuestro sistema hormonal se despierta al deseo de las relaciones, con nosotros y con nuestro entorno, aprendemos a relacionarnos con nuestra naturaleza sexual a escondidas, de forma rápida y mecánica. Y esta secuencia es la que después reproducimos en nuestra sexualidad adulta.

Al mismo tiempo recibimos múltiples mensajes de peligro hacia el instinto sexual, las relaciones sexuales, las enfermedades, los embarazos y las intenciones de las personas con las que nos podemos relacionar.

Normalmente no tenemos la confianza para hablar los temas de sexualidad en casa, y preguntamos con miedo y vergüenza a los amigos porque creemos que ellos ya saben, pero en realidad saben igual o menos que nosotros. Esto nos genera un sentimiento de inseguridad y un conflicto en la forma en que nos relacionamos con el cuerpo y con el placer.

Buscamos en la pornografía respuestas a nuestras dudas, cogiendo entonces referentes que son ficción y que en la mayoría de los casos no ofrecen una educación sana, respetuosa y consciente sobre las relaciones sexuales.

Comenzamos a desarrollar entonces una relación de “fantasía y asco” hacia el instinto sexual, donde por un lado lo deseamos y por otro escondemos cualquier indicio que muestre que ya somos sexualmente activos “erecciones, menstruación, flujo vaginal, semen”.

Y en algunos casos, al mismo tiempo, seguimos recibiendo mensajes “amorosos” que nos llegan desde los adultos, del tipo “¡cuidado no te quedes embarazada!” o “¡que no me entere yo que dejas a alguien embarazada!” por decirlo finamente, pues hay otras expresiones mas vulgares. Y claro, esto tampoco ayuda a integrar una relación sana con el instinto biológico y la curiosidad despierta.

La relación con nuestro cuerpo y con la naturalidad de la energía sexual se vuelve tensa, en algunos casos prohibida y siempre acompañada de un sentimiento de vacío, de vergüenza, de miedo y de culpa.

Nos desconectamos de nuestro propio cuerpo y del placer innato que nos ofrece, nos desconectamos de la generosidad y la abundancia que la energía sexual y nuestros genitales con ella, aportan a nuestra existencia humana.

Comenzamos entonces una carrera donde lo importante es la satisfacción rápida, donde no nos sentimos orgullosos de nuestros cuerpos desnudos, donde dependemos de la aprobación de la pareja para sentirnos satisfechos y donde accedemos a encuentros sexuales a veces sin ganas, solo porque toca o porque queremos quedar bien.

Y esto nos va generando emociones tan comunes como los celos, la posesión, la frustración y la vergüenza, que aumentan aún mas el sentimiento de vacío, miedo y culpa; que se van guardando en nuestro corazón, en nuestra pelvis y en nuestros genitales, en forma de tensiones, bloqueos y otras dificultades sexuales ya sean del tipo anorgasmia, impotencia, candidiasis, eyaculación precoz o vaginismo entre otras.

Hacer las paces con nuestros genitales es el camino que como adultos tenemos para cambiar nuestra mirada, sanar nuestros pensamientos y permitir abrir la puerta a una nueva educación sexual que acompañe, nutra y permita crecer con mayor consciencia y libertad a nuestros hijos.

Tener una relación mas amable y natural con el cuerpo y con la sexualidad, es nuestra propia responsabilidad.

El masaje genital consciente te puede ayudar a avanzar hacia este cambio, facilitándote una educación mas amorosa, cercana e inocente sobre tus genitales, la naturalidad de todo tu cuerpo y la forma que tienes de relacionarte con el.

  • Solo el hecho de que una persona que no sea tu pareja, pueda tocarte los genitales, con máximo respeto, con total confianza y sin ninguna intención sexual; ya produce un cambio en tu subconsciente, que permite que comiences a relacionarte con tu sexualidad de una forma mas confiada, mas relajada y mas sana.
  • La escucha genital, junto al amor del contacto consciente y respetuoso, abre nuevos espacios de información que se impregnan en tu piel y reprograman tus creencias, permitiéndote recordar tu naturalidad sexual e inocente.
  • Poder disfrutar de nuevo del placer a través del contacto, libera hormonas que de nuevo consiguen erotizar cada rincón de tu cuerpo, y por ende cada rincón de tu vida.

Si quieres aprender mas sobre el masaje genital, el acompañamiento sexual y sus beneficios, te invito a que participes en la formación profesional en Masaje Genital Consciente que ofrezco.

Si deseas recibir Acompañamiento Sexual o un Masaje Genital Consciente, puedes solicitarme aquí una sesión personaliza.

Y si deseas recibir en tu email consejos prácticos sobre como mejorar tu relación con el placer y la sexualidad, así como información sobre mis actividades, por favor suscríbete a la newsletter.

Con cariño y respeto,

Agustín Reyes Moreno

Formador de masajistas conscientes y experto en acompañamiento sexual
Director de la Escuela de Masaje Integrativo

Hacer las paces con los genitales
Etiquetado en:            

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *